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El Fito. ¿Qué argentino no viajó alguna vez en este auto? ¿Quién no intentó la hazaña de querer hacer dunga-dunga adentro de esta miniatura? Para todos aquellos que han vivido alguna aventura en esta limusina tercermundista, les regalamos este fabuloso recuerdo. |
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El balero. Cuando no existía la playstation y la mancha era un juego lleno de adrenalina, el balero nos entretenía las tardes sin tener que gastar ni un peso en pilas. Este es nuestro recuerdo para todos los que alguna vez lograron embocar el palito en el agujero. |
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El sapo. Un apasionante juego sin enchufe que ha sido testigo fiel de la mutación de la moneda argentina a través de las diferentes épocas. Por la boca de estos batracios han pasado monedas de australes, de pesos y hasta de patacones. |
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El Bombero Loco. Llegaba el carnaval y uno se armaba con este bélico artefacto para salir a mojar a todas las que tuvieran remera o pantalón blanco. Así fue como a los once años, después de empapar a una inocente muchacha, yo pude ver las primeras tetas de mi vida en vivo y en directo. |
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El Naranjú. Este fálico instrumento llenó nuestra infancia de una falsa y química vitamina C. Hoy, el creador de este palo saborizado envuelto en plástico, a destinado una gran parte de su fortuna en hacerles juicio por plagio a los creadores del preservativo con gusto. |
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