|
|
El Italpark. Antes que nos invadiera la globalización los pibes argentinos no pensabamos en ir hasta Orlando para poder disfrutar de un parque de diversiones. Así fue como atracciones como el pulpo, dumbo y los autitos chocadores llenaron de diversión y adrenalina nuestra autóctona infancia. |
|
|
Los caramelos 1/2 hora. Quizás sea la golosina más fea que jamás se haya inventado. Seguramente a los únicos que les gustaba era a los dentistas ya que siempre había algún pibe que se rompía las muelas tratando de masticar estas auténticas municiones disfrazadas de caramelo. |
|
|
Los Kalkitos. Venía un fondo dibujado y una hoja transparente con diferentes personajes. Apoyabas el calco sobre el fondo, raspabas encima y te quedaba el calco como parte de la imagen. El secreto era raspar bien para que los personajes no te quedaran sin una pierna o sin un brazo. |
|
|
Los Mejoralitos. Un remedio con verdadero sabor adictivo. Uno de pibe podía negarse a tomar el jarabe para la toz, pero si te daban un Mejoralito, no sólo no decías nada y te lo comías contento, sino que al rato le estabas pidiendo deseperadamente a tu vieja que te diera otro. |
|
|
El Topolín. Ya de grande me di cuenta la estrategia de marketing que usaba esta golosina. Siempre te tocaban sorpresas que eran una verdadera mierda. Y ahí estaba el gancho, uno seguía y seguía comprando con la inocente ilusión que alguna vez iba a tocarte algo que valiera la pena. |
|
|