<%@LANGUAGE="JAVASCRIPT" CODEPAGE="1252"%> Despatriados - Historias de argentinos en el exterior - Parabolas

PARABOLAS
Por Sergio Suez (Benidorm, España)

Creo que la primera vez que oí la palabra exilio fue allá por el ´82 u ´83 cuando nuevos aires se respiraban con la llegada de la democracia. Para esa época mis visitas a la casa del tío Jorge eran un verdadero lujo, ya que allí descubrí cientos de revistas Humor y Sexhumor, como así también algunos libros que despertaron mucha curiosidad en mi. De esos libros hay dos que recuerdo con mucho cariño, uno es Exodo de León Urys y el otro una recopilación de reportajes publicados por Humor y realizados por Mona Moncalvillo.
Serio Suez

Precisamente en esa serie de reportajes se repetía una y mil veces la palabra exilio, que vaya a saber porqué me producía sensaciones encontradas. Por una parte tristeza, y por otra alegría ya que los entrevistados exiliados volverían al reencuentro, a su gente, a su tierra, a sus recuerdos, a su idioma.

Nunca se me había cruzado por la mente que yo algún día iba a vivir el exilio, pero a fines del 2001 y con el consenso de mi mujer y mis hijas tomamos la decisión. Nos exiliamos en España. Para llevar a cabo tamaña epopeya malvendimos y regalamos lo que teníamos en nuestra casa y así fue.

A esta altura te preguntarás que tiene que ver un exilio de la dictadura con nosotros, y la respuesta es simple. El tipo que se fue en los `70 corría el riesgo de morir por la tortura o las balas de los milicos, y en nuestro caso los riesgos eran morir de hambre, o por el gatillo fácil, o sin salud pública, o sin educación o golpeado por la tapa de alguna cacerola radical, menemista o liberal. Espero algún día regresar del exilio y pensar que el mío fue tan solo un sueño.

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