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Licencias que conducen vidas |
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Ingenua, pensé que iba a ser rápido; pero no. Mi vista no podía distinguir el final de esa fila interminable. La mayoría de los rostros eran extranjeros. Algunos desesperados, otros ya resignados al inevitable costo por conseguir una pizca de legalidad. Desde luego, la nueva norma federal que limita la duración de las licencias para los visitantes de la Florida, los había impulsado con urgencia a someterse a esa tortuosa fila. Todo por escapar a la posible exclusión del país cuyo sueño americano amenazaba convertirse en pesadilla. Ellos, auto expulsados de su país por diversas circunstancias, intentaban rasguñar un poco de tranquilidad. Y yo, con un par de auriculares que camuflaban mi sorpresa, observaba el panorama sin creerlo: camisetas de equipos de fútbol conocidos, rostros hartados del sol y la espera, bocas frenéticas que descargaban sus tensiones con gomas de mascar, miradas perdidas en la ilusión de un futuro mejor... En síntesis, imágenes que susurraban auxilio. Decidí bajar el volumen de la radio y subir mis antenas para prestar atención. Fue entonces cuando tonadas latinas mezcladas con un extraño inglés (que nada tenía que ver con el que enseñan en la escuela) comenzaron a inquietar y despertar mis oídos. ¿Estaba yo en los Estados Unidos? Era claro que ninguno de la fila estaba "vacacionando"; los comentarios multiculturales eran la evidencia. "Ché, esto es un despelote", aullaba un compatriota mientras saboreaba un amargo mate. Prefiero censurar el resto de los comentarios; es claro que no pueden salir palabras bonitas de ninguna persona que haya comenzado una larga espera a primeras horas de la madrugada. Y la fila no avanzaba, nada avanzaba. Porque son muchas las cosas que se pierden y tal vez una sola la que se aspire ganar: dinero. Pero hasta dónde satisface, tiene un límite. Las propinas no pueden llenar la alcancía de recuerdos ni de seres queridos. Con el chanchito contento sólo no alcanza. ¿Serán tan ingenuos todos los que creen que sí? No, seguro que existe algo más. Porque todos queremos rasguñar algo de bienestar. ¿O acaso eso no quieren todos? Supongo que esto último sintetiza las aspiraciones de todos los inmigrantes, no importa el estado de su visa, su origen o credo. Todos son seres humanos que ansían encontrar un mejor lugar donde vivir. Y este deseo no debería ser "extirpado" o maltratado. Porque nuestro hogar es el mundo y es de todos. |
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